jueves, 22 de febrero de 2018

Anaya, López y Meade


Dulce María Sauri Riancho
Segunda estación. El domingo pasado quedaron formalmente ungidos los candidatos a la presidencia de la república de las tres coaliciones partidistas. También ese día concluyó el plazo para los aspirantes por la vía independiente. Todo parece indicar que tres de ellos —Margarita Zavala, Jaime “El Bronco” Rodríguez y Armando Díaz Pitter— lograron recabar las firmas requeridas para aparecer en la boleta electoral. De las propuestas del trío recién agregado poco sabemos, sólo que pudieron superar los obstáculos legales para aparecer como candidatos. Si finalmente el INE les da el pase, harán campaña y participarán en los tres debates presidenciales.
Foto: Grupo Expansión
En cambio, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya fueron electos por unanimidad de los delegados en sus respectivas convenciones después de 60 días como precandidatos únicos. Ante auditorios pletóricos lanzaron sus discursos y comenzaron a mostrar sus cartas.

Para este análisis, decidí utilizar los discursos del domingo, disponibles en sus sitios de internet. Logré encontrar dos intervenciones completas y una, la del candidato del Frente, sintetizada en el boletín oficial expedido por su sala de prensa. Empiezo por este último.

Las cartas de Anaya. Contra viento y marea logró construir un frente variopinto y vencer toda resistencia interna a su candidatura. La democracia interna, otrora orgullo de los panistas, fue sujetada a su interés personal de volverse candidato al costo que fuera. Por eso no extraña que su mensaje del domingo hubiera estado centrado en sí mismo. Lo más relevante para Anaya es que sus adversarios no han podido destruirlo. “Ni podrán lograrlo”, vaticinó. Se declaró “listo” para ser presidente de la república y presto para combatir “los tres tumores” de la corrupción, la violencia y la desigualdad. Definió al que será, a su juicio, su verdadero adversario: “frente a las ideas antiguas, fracasadas de Morena, […] proponemos un cambio inteligente, un cambio con visión de futuro…”. Por si no fuera suficiente, llamó a López Obrador “mesías con ínfulas de perdona-vidas”. Desde su perspectiva, solo él puede imaginar el futuro que, dijo, no se puede planear ni con las variables del presente “y menos con las variables del pasado”. Atrás de ese “salto al vacío”, sólo él sabe lo que se propone. Los demás, por corrupción o por incomprensión, no pueden ser actores del diseño del futuro. Ojalá que pasada la euforia, Anaya recupere algunas de sus propuestas, como la del Ingreso Básico Universal, algo que arroje sustancia al indispensable debate.

Las cartas de López Obrador. Discurso completo publicado en su página. Cincuenta y cuatro puntos que, más que propuestas, son eslogans de campaña. Después de seis, 12 años, todo está dicho, aunque con matices ad hoc a sus nuevos aliados. Aun así, algunos postulados son reveladores, como el relativo a la implantación de un “auténtico Estado de Derecho”, “como no la (sic) ha habido desde hace más de un siglo”. Ahora resulta que sólo en el porfiriato se vivió conforme a la Ley y que la Revolución, según Andrés Manuel, trastocó ese orden que ¿merece? ser restablecido. Excesos retóricos, reconozco, pero que reflejan la actitud de quien considera que antes de él, “sólo el diluvio”. Y después, ¿quién sabe? Nos previene el candidato que “con terquedad, con necedad, con perseverancia rayando en la locura”, “con intransigencia” se propone combatir la corrupción y promover el desarrollo de México. No necesita de nadie, se basta él mismo y su implacable voluntad. Por otra vía, López Obrador nos lleva a la misma estación de destino que Anaya. Mesías del pasado o del futuro, en sus discursos dominicales ninguno de los dos dejó ver su afán de fortalecer o transformar instituciones.

Las cartas de Meade. Discurso completo publicado en la página del partido que lo postuló. Un ciudadano simpatizante es candidato del PRI desde el pasado domingo. “Hay momentos en la historia en que los pueblos se juegan su destino”, así abrió su intervención. A diferencia de los dos mesías, Meade llama a la voluntad de todos y cada uno al decir que “yo mero me hago cargo de convencer, de entusiasmar, de poner en juego lo mejor de todos y cada uno de nosotros para que a México le vaya bien”. “Mero”, curiosa palabra para enfatizar que todos somos responsables del futuro y que él, Meade, busca articular ese esfuerzo, no sustituirlo ni anularlo. Estableció los tres ejes de las propuestas que construirá a lo largo de la campaña: uno, hacer de México una potencia; dos, familias y mujeres, los primeros; tres, gobierno “a la medida de cada quien” para que pueda realizarse en lo individual, porque todos “somos iguales pero necesitamos cosas diferentes”. Ojos, voluntad y oídos receptivos al reclamo social contra la corrupción: “Seré implacable”. Pone en garantía su conducta, “sometida a la evaluación crítica y objetiva de los mexicanos”. Encabezar, no avasallar; sumar, no dividir; transformar, no destruir. Adelanta una forma de contraste con sus rivales que seguramente empleará en la campaña al decir que en esta elección habremos de decidir si “ir hacia delante” o “ir hacia atrás”. Yo añadiría como opción el salto al vacío que propone el candidato del Frente. Tres maneras de concebir el futuro, sobre todo de construirlo. Una, un pasado muy presente a cargo de López Obrador; otra, un futuro sin pasado ni presente, con Anaya. Y Meade, un futuro con presente transformado por las sólidas raíces del pasado. Para reflexionar. Habrá oportunidad.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Campañas, Carnaval y Cuaresma


Dulce María Sauri Riancho
Si no fuera un asunto tan serio, podríamos imaginar al calendario electoral 2018 como una gigantesca broma. El involuntario humor negro de los árbitros de la contienda encimó festividades tradicionales y religiosas con el inicio y fin de las actividades previas a la votación del 1 de julio. Junto con las Posadas navideñas, el 14 de diciembre pasado se abrió ese amorfo periodo denominado “precampaña”, cuyo cierre coincidió con el domingo de Carnaval. Al PRI todavía le falta la convención nacional el próximo domingo. Aun así, el partido en el gobierno es el único que ha logrado presentar a la totalidad de sus contendientes, tanto locales como federales, no así la coalición “Todos por México” porque el Verde y Nueva Alianza todavía no concretan sus postulaciones. Al PAN y a su coalición les falta mucho para completar la tarea. Amplió su plazo para resoluciones una semana más, hasta el 18. Los otros siete partidos que actúan en la escena estatal todavía deshojan la margarita de las candidaturas. Supuestamente tenían un plazo fatal. Pasó la fecha y no completaron, o al menos no lo han dado a conocer a la opinión pública.

¿Qué fueron las precampañas y en qué se diferencian de las campañas? En la realidad, es muy difícil distinguir unas de otras. Cuando se legisló al respecto se pretendía darles oportunidad a los partidos de realizar sus procedimientos internos y al mismo tiempo reducir el periodo de exhibición y gasto de partidos y candidatos. Nada de eso se logró. López Obrador siguió con sus incansables giras por toda la geografía nacional, con mítines y marchas, pancartas y spots radiales y televisivos. Igual que hace 6, 12 años. Anaya continuó con la revelación de su personalidad, que pasó de acaparar con su voz y su imagen los tiempos asignados al PAN en la televisión y la radio, a manifestar su vena artística y deportiva. Sólo José Antonio Meade se acercó al propósito de los legisladores cuando crearon las precampañas. Al ser externo al PRI, ha recorrido el país para encontrarse con la militancia priista que lo conocía como funcionario y que ahora le confiará la candidatura presidencial.

El INE está desarrollando un aparato de fiscalización de los gastos de precampaña, que también tienen topes y obligación de comprobarse todos. Escuché de voz de una persona conocedora de estos temas que inspectores del árbitro electoral rondaron mítines y concentraciones partidistas, sacando cuentas del número de asistentes, autobuses, tortas, matracas y batucadas. El prorrateo entre candidatos a diversos cargos está claramente establecido. Para evitar dudas y discusiones innecesarias, el reglamento de Fiscalización ha sido enmendado y sus lagunas e imprecisiones, corregidas. Los auditores estarán muy pendientes de que la propaganda partidista, supuestamente dirigida en forma exclusiva a los militantes de los partidos que los postulan, sea eliminada de los espectaculares, televisión y radio, páginas web, etcétera. Tal vez este ejercicio de fiscalización, cuyos resultados todavía no son del conocimiento público, sea la única diferencia en relación a la precampaña de 2012.

En lo local, las postulaciones del PRI y del PAN al gobierno del Estado permitieron a los Mauricios aprovechar algunas semanas de la precampaña. Sahuí, desde antes de Navidad; Vila, una vez que concluyeron las celebraciones del 476 aniversario de Mérida. El candidato del PRI aprovechó el escenario de la convención estatal que lo eligió el domingo pasado, para presentar su plataforma de campaña. “El mejor Yucatán que hoy SÍ podemos construir” contiene la estructura fundamental de sus planteamientos. El candidato del PAN ha recorrido casi todos los municipios del estado. Ignoro si presentará un desglose del “Yucatán que Merecemos”, de tal forma que comencemos a contrastar visiones y propuestas.

La “cuaresma” electoral será aún más extraña que las precampañas. Durante 46 días, que ya comenzaron desde el lunes pasado, deberá haber silencio de publicidad y propaganda en las que aparezca la voz e imagen de los candidatos. Sin embargo, nada impide que sean entrevistados por los medios de comunicación, siempre y cuando no obedezcan a una pauta contratada con ese fin. En cambio, los partidos podrán continuar con su “propaganda genérica”, esperando el periodo de registro de las candidaturas ante el INE y, en el caso de Yucatán, el Iepac. Del 11 al 18 de marzo todos los partidos deberán formalizarlas y las autoridades electorales, aprobarlas. El Viernes Santo, 30 de marzo, arrancan las campañas electorales. El 29 de junio, 90 días después, se celebrarán los cierres y la elección será el 1 de julio.

Una nueva reforma electoral se avizora en el horizonte político del país. Ninguno de los propósitos que llevaron a crear la fase de las precampañas se ha cumplido. Ni se retrasó la agitación consustancial a los procesos políticos, mucho menos se detuvo el gasto en propaganda de parte de aspirantes a diversos cargos. Por el contrario, hemos sido testigos de todo tipo de simulaciones, para aparentar cumplir la ley y violarla sistemáticamente con su conducta. El único remedio parece ser la prohibición absoluta de publicidad y propaganda partidista, hasta que no den inicio las breves campañas, de 60 días o menos. Aplicar esta medicina demanda una eficaz legislación en materia de comunicación gubernamental, que permita un control efectivo de los recursos públicos dedicados a la publicidad y propaganda oficiales. Entonces, tal vez, en 2024 otro canto escucharemos. Por ahora, sólo nos queda aguantar la costosa cacofonía de las campañas.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Doña Fina y la fototeca Guerra. Memoria en tiempos de incertidumbre


Dulce María Sauri Riancho
El pasado viernes se presentó el libro “Fotografía Artística Guerra, Yucatán, México”. Muchas cuestiones son destacables de este esfuerzo. Comienzo por la edición, realizada conjuntamente por la Fototeca “Pedro Guerra” de la Universidad Autónoma de Yucatán y la Cámara de Diputados, a través de Jorge Carlos Ramírez Marín, su presidente hasta hace unos días. En una etapa con abundantes —y muchas veces merecidas— descalificaciones del trabajo de los legisladores, vale la pena destacar este acierto. Hacer del conocimiento del gran público de Yucatán y de otras partes del país de la existencia de un archivo fotográfico en la máxima casa de estudios del Estado representa ya una aportación cultural. Contra viento y marea, la Uady ha mantenido la colección fotográfica puesta a su cuidado, muy importante en tiempos de restricciones presupuestales, cuando lo primero que se corta son los recursos destinados a la cultura y a la historia.
Foto: revista Bicentenario
Los medios de comunicación reportaron puntualmente la presentación del libro y, en algunos casos, realizaron crónicas sobre su contenido. Doce ensayos de diversos autores acompañan sus 317 páginas, dándonos una probadita de las inmensas posibilidades de este archivo para la investigación histórica. Sin embargo, en esta gran celebración por el nacimiento de una obra que apuntala la indispensable memoria colectiva, hay una notable ausencia: no se habla ni se menciona a quien hizo posible la formación del archivo y por consiguiente, todo lo que ha sucedido después, Josefina Gual Lara, viuda de José Castellanos Guerra.

Pedro Guerra Aguilar, hijo del fundador de la empresa fotográfica del mismo nombre, no tuvo hijos con su esposa, María. De acuerdo con los usos de la época, dos sobrinos, niño y niña, crecieron con la pareja, en una virtual adopción que incluyó, en el caso del hombre, su formación para hacerse cargo en un futuro de la empresa del tío. Cuando don Pedro falleció en 1959, su sobrino-hijo, José Castellanos Guerra, heredó el acreditado estudio fotográfico. Diversos padecimientos de salud llevaron a que durante la siguiente década su esposa Josefina tuviera una creciente participación en el negocio familiar, al igual que sus hijos mayores.

Doña Fina, como cariñosamente la llamábamos, después de su matrimonio se dedicó al cuidado del hogar y de sus hijos, seis, y de su padre viudo. En casa de doña Fina y don José conocí a don Antonio Gual García. Ignoraba entonces la importancia política para Yucatán del abuelo de los hermanos Castellanos Gual. El anciano rodeado de libros en su sacrosanto despacho había sido fundador del Partido Socialista, colaborador de personajes como Salvador Alvarado, de Felipe Carrillo Puerto; secretario general de gobierno y gobernador interino en varias ocasiones; en síntesis, un destacado actor en uno de los más turbulentos periodos de la vida yucateca. Quizá rememorando el Congreso Feminista de 1916, don Antonio autorizó a doña Fina, su hija, a asistir a la preparatoria de la Universidad de Yucatán en una época en que estudiar secundaria era un logro para las mujeres. Creo que esa formación familiar influyó en la determinación de doña Fina de conservar las placas de cristal, que fueron el soporte fotográfico durante las primeras décadas de trabajo. Estas placas eran frágiles, pues estaban constituidas por una lámina de vidrio recubierta de una emulsión sensible a la luz. En 1977, parecía mucho más sencillo tirarlas, destruirlas, cuando por necesidades de espacio hubo de efectuarse la mudanza de su local tradicional. Pero doña Fina acudió a su alma máter, la Universidad de Yucatán, aquella que le dio sus estudios preparatorianos, para entregarles en donación el primer lote de “negativos” —así los llamaríamos después— de donde se ha extraído buena parte de las fotografías del libro comentado. Y la Universidad los acogió, en momentos de precariedad y cuando todavía no se apreciaba plenamente la enorme importancia de los archivos históricos. A principios de la década de 1990, siendo gobernadora de Yucatán, tuve la oportunidad de actuar como intermediaria entre la familia Castellanos Gual y la Universidad Autónoma de Yucatán para que la totalidad del archivo fotográfico Guerra fuera a integrarse a la entrega previa. Testimonio de esa tarea fue la edición de un libro, Mérida, el despertar de un siglo (con textos de Eduardo Luján Urzaiz; Cultur-Gob. del Estado; 1992), una pequeña muestra de la riqueza del archivo fotográfico custodiado por la Uady.

Por la decisión de una mujer que optó por el camino difícil de buscar cobijo para lo que entonces se consideraban vejestorios o desechos, en vez de simplemente destruir las placas, nació la Fototeca Pedro Guerra, en la hoy Facultad de Ciencias Antropológicas.

¡En cuántos hogares yucatecos se han entregado a la cartonera los archivos construidos a lo largo de décadas por los padres ancianos! En otros más, valiosos acervos han pasado a integrar las colecciones de bibliotecas de fuera de Yucatán por la incapacidad e incomprensión de autoridades que se niegan a invertir en la adquisición de lo que despectivamente denominan “papeles viejos”. Hace años, Manuel Pasos Peniche expuso poéticamente la destrucción del archivo de “Henequeneros de Yucatán”, institución que dominó la vida económica y política del Estado por casi dos décadas (1938-1955), y su transformación en “techo de irracionales”. Es que los documentos fueron materia prima para la elaboración de láminas de cartón, utilizadas en la techumbre de gallineros y porquerizas.

Necesitamos más personas como doña Fina Gual en Yucatán, conscientes de la importancia colectiva de los documentos y evidencia material del pasado. Que la Uady, el Archivo General del Estado (Agey), la Biblioteca Yucatanense y su Fondo Audiovisual, cuenten con recursos suficientes para preservar nuestra memoria histórica.

No es un gasto, es una necesidad de la sociedad, sobre todo en estos tiempos de incertidumbre y de búsqueda. Al respecto, ¿qué dirán los candidatos?— Mérida, Yucatán.

miércoles, 31 de enero de 2018

Reelección y paridad. Las cartas del PRI

Dulce María Sauri Riancho
“Muestra cartas el PRI”, así destacan las ocho columnas del Diario del lunes pasado el registro de l@s precandidat@s de esta organización. El análisis de la información presentada hace apenas unos días permite aproximarnos a dos importantes cuestiones, nuevas en nuestro escenario político: la reelección y la paridad de género.

La reelección. Es la primera ocasión en que los presidentes municipales y diputados locales de Yucatán pueden ser postulados consecutivamente para el mismo cargo. Pero, ¡oh, sorpresa! El PRI no hizo uso de la prerrogativa de reelegir a sus actuales representantes. De 69 municipios que gobierna sólo en seis (Chicxulub Pueblo, Sucilá, Tekantó, Tixméhuac, Tzucacab y Yaxcabá) repetirán como candidatos los actuales alcaldes. La situación es aún más aguda en el caso de sus actuales diputados, 13 (siete mujeres y seis varones), puesto que ninguno será postulado nuevamente. Algunos de ellos continúan como aspirantes a un cargo de representación federal u optaron por convertirse en candidatos a algún ayuntamiento. Los datos del PRI generan muchas preguntas sobre la reelección. ¿Cambiará la percepción ciudadana sobre la movilidad política trianual como algo necesario para mantener la convivencia comunitaria? ¿Prevalecerán los argumentos a favor de un gobierno municipal que cuente con más tiempo para desarrollar sus programas y realizar sus obras? También tendremos que observar si algunos de los actuales alcaldes, “despechados” por no haber sido considerados por su partido, deciden trabajar por los candidatos opositores bajo el lema: “Si no es para mí, no será para otro.

Paridad de género en las candidaturas. El PRI hizo un esfuerzo muy grande para satisfacer el mandato legal de postular igual número de mujeres que de hombres al frente de las planillas de los ayuntamientos. Casi lo logra, pero al PRI todavía le faltan siete municipios con cabeza femenina, pues de acuerdo con el listado dado a conocer el domingo pasado, tiene 46 precandidatas, cuando deberá registrar 53, la mitad de los 106 ayuntamientos del Estado. El lío se complica cuando se observa que tan sólo restan por definir cinco municipios, lo que significa que aún en el caso de que en todos ellos surgieran candidaturas femeninas todavía le harían falta dos más.

En cantidad, el PRI casi cumple, no así en la importancia poblacional de los ayuntamientos para los que postulará mujeres. De los 27 municipios con más de 10,000 habitantes, el PRI sólo presentó precandidatas en cuatro: Progreso, Umán, Maxcanú y Temozón. Ellas tendrán la misión de recuperar para su partido las alcaldías, actualmente en manos de Nueva Alianza (Progreso y Temozón), PAN (Umán) y Verde (Maxcanú). En el mismo tenor de las ausencias: en ninguno de los 12 que actualmente gobierna, el PRI presentará a una mujer candidata a la alcaldía. La mayoría de las precandidatas priístas se ubican en municipios de menos de 10,000 habitantes. Como el tamaño de los cabildos está en función de la población, los más pequeños tienen sólo cinco regidores, tres de mayoría y dos de representación proporcional: allá es donde aspiran a gobernar mujeres. Los más grandes, de más de 10,000 habitantes, cuyos ayuntamientos tienen ocho y 11 regidores, quedan aún reservados a los aspirantes hombres, incluyendo Mérida y sus 19 integrantes del cabildo. Tal parece que el estereotipo sobre las capacidades femeninas para la conducción de los asuntos públicos asoma su fea cabeza en cuanto puede.

La distribución municipal por distritos electorales locales también muestra lo mucho que resta por avanzar en Yucatán para una efectiva aplicación del principio de paridad. En dos distritos, el XI (cabecera Valladolid, siete municipios) y el XII (cabecera Tekax, ocho municipios), hasta el momento hay cero candidaturas de mujeres a los ayuntamientos que lo componen. Sin embargo, cabe destacar que en los dos distritos aludidos el PRI presentará mujeres candidatas a diputadas. Menos mal.

Respecto al Congreso del Estado, de 15 candidaturas, ocho corresponderán a mujeres y siete a hombres. Así sucedió en 2015, cuando sólo perdieron dos —una mujer, V distrito, y un hombre, IV—, ambos de Mérida, por lo que el PRI aportó casi la totalidad de la representación femenina en la actual legislatura. En 2018, tres hombres y tres mujeres competirán por el PRI en los seis distritos de la capital del estado. Desde hace muchos años Mérida es de alta dificultad electoral para el partido en el gobierno del Estado. Este año no será la excepción. Hace tres el PRI se impuso en cuatro de los seis distritos de la capital. En esta ocasión, dos de las tres mujeres fueron postuladas en distritos ganados por el PAN (IV y V), pero no olvidemos que aquí ni el PRI ni el PAN tienen escriturado ningún espacio, que cualquiera de los dos puede imponerse, como lo hemos visto elección tras elección. De los nueve distritos del interior del Estado, todos ganados por el PRI hace tres años, en cinco habrá mujeres candidatas y cuatro estarán reservados para los hombres.


Las candidaturas priístas han demostrado que sí se puede cumplir el principio de paridad. Este proceso también ha hecho patente la resistencia de una cultura patriarcal que se niega a reconocer el derecho a la participación política de las mujeres en condiciones de igualdad. Quienes estamos convencido/as de que las candidaturas paritarias sólo son el primer paso podemos decir que estaremos atentas a cómo lo darán las otras organizaciones políticas. Haremos balance crítico, única manera de avanzar por la empinada senda de la Igualdad.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 24 de enero de 2018

Se asoman turbulencias en el panorama. Quinto Informe de Gobierno

Dulce María Sauri Riancho
Exceso de ruido en el espectro radioeléctrico de la política yucateca. La coyuntura del alcoholímetro se impuso informativamente sobre la evaluación de un quinquenio de la vida pública del Estado.

Ni la relativa novedad de su presentación por internet ni el estreno anticipado del edificio que ocupa el otrora plácido crucero de la 62 con las avenidas Colón y Cupules salvaron de la indiferencia ciudadana a este importante ejercicio de rendición de cuentas.

Mediáticamente resultó más interesante seguir las vicisitudes de un hambriento precandidato que fue por unos tacos a altas horas de la madrugada, que revisar las casi mil cuatrocientas cuartillas que acompañaron al mensaje político del Ejecutivo estatal.

Considero que esta “heladez” ciudadana es, al mismo tiempo, muestra de una relativa satisfacción con el gobierno que habrá de concluir en poco más de ocho meses. Y es que —aunque a los opositores al PRI no les guste mucho— los yucatecos hemos ido “Mejorando Juntos” en educación, salud, combate a la pobreza, infraestructura, etc.

El voluminoso anexo estadístico de 526 páginas permite conocer las cifras que respaldan esta afirmación. Las respuestas a las 162 preguntas formuladas por casi todos los partidos representados (MORENA fue la excepción) son detalladas y constatables.

Además, Rolando Zapata anunció nueve grandes acciones para culminar a tambor batiente su administración: nuevo hospital psiquiátrico; carretera Sierra Papacal-Chuburná Puerto; inicio de ejecución del gran proyecto de rescate urbanístico del centro de Mérida, en La Plancha y el Callejón del Congreso; tres nuevos centros de educación superior en Yucatán: Universidad de las Artes y la Escuela Nacional de Educación Superior de la UNAM, con especialidades en Ciencias Ambientales y Ciencias de la Tierra, así como el Instituto de Formación Policial del Estado; rescate de la zona arqueológica de Kulubá en Tizimín; seis nuevos tomos de la Enciclopedia Yucatanense, que actualizarán la obra que vio la luz primera en 1946, hace más de 70 años.
 
El gobernador está dispuesto a sacar el máximo provecho al “xix” de su gestión. No son improvisaciones ni ocurrencias de última hora. La apuesta por la cultura, la educación y la ciencia es manifiesta, incluso en la carretera que consolidará el desarrollo del polo científico y tecnológico al norte de Mérida que alberga al Parque y a la recién decretada Zona Económica Especial.

Es posible anunciar con la certidumbre de cumplir porque hace varios meses, incluso años, dieron inicio los trabajos para hacerlas realidad en el breve lapso que resta a la administración.

El proyecto “La Plancha” ha sido resultado del esfuerzo conjunto de vecinos del rumbo, la UNAM y el gobierno, que han logrado vencer toda clase de obstáculos, incluyendo la construcción de un nuevo centro de maniobras ferroviarias en Poxilá, Umán.

El corredor cultural del Callejón del Congreso es indispensable complemento del Palacio de la Música y del Centro Cultural de la Uady, así como del Peón Contreras.

Las tres nuevas opciones de educación superior: Artes, Medio Ambiente y Seguridad Pública, responden a un proyecto de largo plazo de formación científica y social, única vía para consolidar el bienestar del que ahora disfrutamos.

En general, todo bien… hasta ahora. Pero Rolando Zapata ha entrado a zonas de turbulencia. Las nubes políticas son densas y los vientos cruzados dominan el panorama. Como en la aviación, el momento más delicado del vuelo es cuando la o el capitán de la nave se apresta a aterrizar.

Las nubes de tormenta están en las campañas electorales que, disfrazadas de precampañas, han comenzado con gran intensidad.

La lucha por la gubernatura será cuerpo a cuerpo. Hemos tenido una sencilla muestra con las dos encuestas dadas a conocer en estos días, que salomónicamente le dan el triunfo a cada uno de los dos Mauricio.

Para mi partido, Querétaro 2015 es un gran referente. Tenía entonces al gobernador priista mejor evaluado, un envidiable crecimiento económico y un buen nivel de seguridad. El PRI eligió a un buen candidato, alcalde de la capital. Y perdió.

Al PAN le convendría recordar 2007, cuando hablaba de “flanecitos”, fáciles de engullir para un partido cuyo gobernante estaba bien evaluado, además de haberse impuesto fácilmente en las elecciones federales de 2006. Y ganó el PRI.

Vale la pena recordar que un buen gobierno es condición necesaria para que exista una plataforma favorable a la causa del partido que busca repetir en el cargo.

Pero no es suficiente. Otros factores juegan en la decisión de l@s votantes. Tienen que ver con la percepción sobre el conjunto de las candidaturas, comenzando por la presidencial, y también sobre la forma en que los gobernantes se conducen en ese periodo y afrontan las desazones del final de una administración.

Rolando Zapata como gobernante ha dado muestras de madurez y serenidad. Su legado administrativo habrá de consolidarse en los próximos meses cuando concluyan las obras en proceso y se ejecuten los nueve proyectos anunciados.


Su trayectoria política habrá de llegar a un feliz desenlace cuando acompañe a la ciudadanía yucateca en su proceso de toma de decisión. Mi corazón y el del gobernador, laten tricolor. Su actuación como gobernante avala al PRI, pero serán los votos depositados en las urnas y contados la noche del 1 de julio los que tendrán la última palabra. Colores y divisas aparte, a todos nos conviene que el gobierno concluya su gestión exitosamente. ¡Feliz aterrizaje, gobernador Zapata Bello!— Mérida, Yucatán.

miércoles, 17 de enero de 2018

Mazacote electoral. Chihuahua, Tratado y otras

Dulce María Sauri Riancho
Tres apuntes del mazacote en que se han convertido las precampañas. Política hay en todos los actos y decisiones que toman los responsables de la conducción de los asuntos públicos del país. Y en tiempos electorales, todos sin excepción están imbuidos de intereses partidistas, abiertos o soterrados. No hay que olvidarlo ni por un momento.

Chihuahua y las represalias de la Secretaría de Hacienda (SHCP). Ríos de tinta y cientos de imágenes han ilustrado el enfrentamiento entre el gobierno de esta entidad norteña y las autoridades hacendarias federales. Al igual que en otros estados de alternancia partidista, el gobernador Javier Corral emprendió una intensa investigación sobre la gestión de su antecesor en el cargo, el priista César Duarte. Necesario es recordar que en 2016, un año de malos resultados para el PRI, cambió el partido en el gobierno en 9 de los 12 estados con elecciones ordinarias: Aguascalientes, Quintana Roo, Durango, Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca, Sinaloa y Chihuahua. Se salvaron para el PRI, Tlaxcala, Zacatecas e Hidalgo; y para el PAN, Puebla. En casi todos los estados en los que hubo alternancia se han abierto expedientes sobre la gestión inmediata anterior. En los casos de Quintana Roo y Veracruz, los exgobernadores han sido extraditados y puestos a disposición de la justicia, además de un elevado número de exfuncionarios. No todo es color de rosa en Chihuahua desde que comenzó el gobierno azul. Se puede constatar un grave deterioro de la situación de seguridad que, tras muchos esfuerzos y recursos, se había alcanzado en la entidad más extensa de la República. El asesinato de la periodista de “La Jornada” Miroslava Breach concentró el foco de atención nacional no sólo por el lamentable hecho, sino también por las revelaciones de presuntos nexos entre políticos panistas y los autores intelectuales del deleznable acto. De pronto, cuando parecía que la investigación alcanzaba cotas hasta entonces inalcanzables de la complicidad entre políticos y criminales, surgió con furia el tema del financiamiento de las campañas electorales del PRI con recursos transferidos por la SHCP. ¿Coincidencia o factor de distracción? Lo cierto es que la atención sobre el PAN y sus nexos criminales quedó relegada, para ser sustituida por una estrategia que pretende golpear al gobierno de Peña Nieto, pero especialmente al precandidato priista, José Antonio Meade. Bien se ha cuidado el gobernador Corral de reconocer que gracias a la intervención de la Policía Federal pudo ejecutarse una orden de aprehensión en Saltillo, Coahuila, para lograr el traslado del inculpado hasta Chihuahua. Poco se ha dicho sobre las relaciones aparentemente cordiales, durante año y medio, entre la Federación y el gobierno estatal no sólo en las cuestiones financieras, sino de seguridad, cuestiones fronterizas, desarrollo social, etcétera. Llama la atención que el lunes pasado hubiera salido publicada una carta suscrita por 11 exgobernadores del PAN solidarizándose con Corral, pero sin la firma de ninguno de los actuales gobernantes estatales del PAN o de partidos opositores al PRI. Y conste que los gobernantes que no son del PRI son la mayoría (17 a 15), sin que hasta el momento alguno de ellos hubiera respaldado las denuncias de su par de Chihuahua. En medio de las aguas revueltas, no debe resultar cómoda la posición de quienes se están jugando el pellejo político al proceder contra sus predecesores, como Miguel Ángel Yunes, de Veracruz, o Carlos Joaquín Coldwell, de Quintana Roo. Tal parece que la enjundia de Javier Corral incluye tender sobre ellos la sombra de la sospecha, una especie de calificación de blandengues o quizá de cómplices, por no sufrir las mismas supuestas represalias que él. ¿Será el combate a la corrupción lo que lo anima? ¿O Javier Corral midió tiempos para ir en pos de la presa mayor, que es el precandidato del PRI a la Presidencia de la República?

Renegociación del Tlcan hasta después del 1 de julio. No puedo culpar a las autoridades canadienses por sugerir se posponga la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) hasta que se hayan efectuado las elecciones en México. Menos cuando el lunes pasado tuve oportunidad de escuchar el audio de un mitin de Andrés Manuel, donde expresaba su posición contraria a “todas” las reformas realizadas en este sexenio y lanzándose a descalificar el Tratado por el fácil camino de la bravuconada revestida de patriotismo. ¿Será esa la opinión definitiva de López Obrador sobre la más importante relación económica de México, de la que dependen millones de empleos, o se trata de un recurso mediático, uno más de sus exabruptos? Tenemos derecho a conocer los fundamentos de esa afirmación.

“Mazacote”. “Masa espesa y pegajosa”, así lo define la Real Academia Española en su acepción número 6. No encuentro palabra más adecuada para definir este periodo de supuestas precampañas de los aspirantes a figurar en las boletas.

Confusión, burla y daño a la credibilidad de las autoridades electorales. En medio del espectáculo, Anaya y Andrés Manuel insisten y se empeñan en que el PRI cambie a su precandidato a la Presidencia de la República. No les gusta Meade, tal parece que quieren otro más a modo de sus intenciones de restarle apoyos a la sensatez y la experiencia que refleja el precandidato priista.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 10 de enero de 2018

Pobreza y elecciones. Emergentes clases medias

Dulce María Sauri Riancho
De acuerdo con los datos del Consejo de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 80% de los mexicanos es pobre (44%) o es vulnerable (36%). Yucatán se encuentra levemente mejor que el promedio nacional, pues el porcentaje de personas consideradas en situación de pobreza (42%) es casi igual que la población “vulnerable” (38%). Como en el resto del país, en Yucatán sólo dos de cada 10 habitantes forman parte del privilegiado grupo de población que no es pobre ni vulnerable. Podemos suponer que esta misma proporción registra el millón y medio de yucateco/as que tendrán derecho a votar en las elecciones del 1 de julio.

Con estos datos en la mano, imagino a algunos trastornados estrategas de los partidos políticos frotándose las manos para distribuir despensas masivamente, forma rupestre de garantizar el sufragio “de los pobres” a favor de sus abanderados. El razonamiento es simple: si la mayoría de los yucatecos es pobre, satisfacer de manera mínima una necesidad traería aparejado el agradecimiento y su voto. Los partidos políticos y sus operadores no han acabado de asumir que la dinámica social en Yucatán ha transformado valores y actitudes de sus habitantes, que cada vez se ven más a sí mismos como parte de una gran clase media. Los pobres no se reconocen ni asumen como tales, comparten valores y aspiraciones de este indefinido grupo social. El fracaso de las despensas así lo indica. Las reciben, sí, pero muy probablemente guardan su agravio para las urnas.

¿Qué significa compartir valores y actitudes de clase media? En primer término, se trata de la firme creencia en la movilidad social a través de la educación de los hijos. Conocemos y hemos sido testigos del esfuerzo de madres y padres que se privan de todo con tal de que la hija/o vaya a la universidad, y si no logra ingresar a una institución pública, se esmeran en pagar las colegiaturas en una escuela privada. Son las parejas que unen sus créditos para adquirir una casa de Infonavit o Fovissste; o quien consigue un coche de segunda mano para llegar más fácilmente a la escuela o al trabajo. Son los que compran en abonos los televisores, refrigeradores, lavadoras, para mejorar su calidad de vida. Son quienes se hacen de un teléfono “inteligente” para estar en continuo contacto con el mundo por las redes sociales. Son familias en que todos los adultos trabajan fuera de casa, para contribuir al gasto y para darse esos gustos de la modernidad, en que los aparatos celulares de última generación son de lo más importante. Son quienes llegan a fin de mes gracias a las transferencias monetarias de los programas gubernamentales, como Prospera o Procampo, en que los abuelos también disponen de un modesto ingreso. Son quienes reciben remesas de sus parientes en Estados Unidos o Canadá, que les sirven para vivir más holgadamente y en algunos casos, construir una casa mejor. Son las madres y los ancianos que permanecen en el pueblo junto con los menores, mientras los adultos se van a la Riviera Maya a trabajar de lunes a sábado. La televisión y el internet han acercado la vida de las ciudades hasta los más apartados rincones de Yucatán, por lo que los criterios tradicionales de clasificación urbano-rural para las poblaciones sólo se refieren al número de habitantes, no a sus actividades económicas y tal vez ni siquiera a sus formas de subsistencia. El acceso al consumo de los sectores más amplios de la sociedad ha transformado sus costumbres y sus aspiraciones, las cuales se asemejan cada vez más a los de ese rango de población que no es pobre ni es vulnerable, esto es, el 20% de los yucatecos.

Pero, ojo, la situación de este amplio sector es precaria. Es la población vulnerable al recrudecimiento de la inflación, a que aumente el precio del transporte, la gasolina y los alimentos. Son las familias que pierden su patrimonio para salvarle la vida a un ser querido, enfermo de una grave y cara enfermedad. Son quienes tiemblan ante la mera posibilidad de perder el programa gubernamental que hace la diferencia entre ser pobre e “irla jalando”. Son quienes aprecian las becas escolares que permiten transitar hacia la ansiada universidad. Esta clase media “aspiracional” se encuentra en todos los rincones de Yucatán. Es la que no se conforma con lo que tiene: quiere más y está dispuesta a movilizarse para lograrlo.

Menos de seis intensos meses nos separan del momento en que habremos de decidir en las urnas sobre el rumbo de México y de Yucatán. Nunca como ahora nuestra determinación de acudir o no a votar y hacerlo por uno y otro candidato/a tendrá un impacto real en nuestro entorno inmediato, en el futuro de nuestras familias y de la sociedad de la que formamos parte. Por eso es relevante enterarnos sobre sus propuestas. Por eso debemos exigirles que nos expliquen cómo pretenden lograrlas. Ya no se valen las generalidades y los buenos deseos. Quien mejor entienda esta nueva dinámica social de Yucatán y se comprometa a reforzarla seguramente captará la mayoría de votos sin necesidad de repartir despensas.

La emergente clase media yucateca, la que sale con dificultades de la pobreza ancestral y de la falta de esperanza, merece de sus políticos comprensión y compromiso con el futuro.


Sin concesiones graciosas, sin descanso ni complacencia.— Mérida, Yucatán

miércoles, 3 de enero de 2018

Elecciones 2018: Carta a los Reyes Magos

Dulce María Sauri Riancho

Queridos Reyes Magos:

Pocos niños les escriben cartas en estos tiempos de WhatsApp y Facebook. En realidad, queridos Reyes Magos, el recuerdo de ustedes se ha transformado en una deliciosa rosca, donde los muñequitos ocultos que recuerdan al niño-dios incluyen promesas de suculentos tamales para celebrar la Candelaria, el 2 de febrero.

Ustedes tres tuvieron hace más de dos mil años confianza y fe en las profecías, y tenacidad para alcanzar su propósito. ¡Y vaya déficit que tenemos en 2018 de esta tercia de virtudes! A fuerza de sentirnos defraudados una y otra vez, ya no creemos en nada ni en nadie, incluyéndolos a ustedes, sin ofender. Tiene que ver con la percepción generalizada de que muchas cosas no marchan a favor del país y de sus habitantes. Pobreza, violencia y desigualdad se combinan en varias regiones de México, dañan a las familias y afectan la convivencia social. Allende nuestras fronteras, se anuncia la deportación de miles de paisanos, familias enteras; se presentan además amenazas económicas y de seguridad. En el país vienen las campañas electorales, donde partidos y candidatos habrán de endulzar los oídos con promesas de todo tipo para cambiar la situación con la que estamos inconformes.
¿Por qué les escribo? Tal vez porque ahora que están menos ocupados tengo mayor posibilidad de que me presten atención y concedan mi deseo. Sólo les pido una cosa. Puede parecerles raro e impertinente, pero quiero un radar cuántico, una especie de moderna lámpara de Diógenes. Sí, la del filósofo de Sinope, conocido como El Cínico, quien se dedicó con su luz a buscar a un “hombre honrado”. Mi regalo tendría un uso muy concreto: buscar a la persona que pueda ser un buen presidente de México por seis años, ni un día más ni uno menos. Tal vez ustedes sepan que hemos tenido muy buenos candidatos, que ganan las elecciones pero que después, en el trayecto sexenal, se desvían e incumplen con las expectativas que despertaron cuando votamos por ellos.

Ya les anticipaba que era una solicitud extraña, pues hago depender el futuro de una nación y de sus cerca de 125 millones de habitantes, del desempeño de una persona en el Ejecutivo federal. Es que en este país la figura presidencial mantiene una relevancia singular. Es cierto que, a diferencia de un pasado cercano, el presidente de la república tiene ahora fuertes contrapesos en los otros dos poderes y una creciente fiscalización de la ciudadanía. Pero aún se conserva como el centro del sistema político, por lo que cualquier cambio profundo pasa necesariamente por su persona.

Con mi lámpara-radar buscaría en las siguientes frecuencias:

Integridad personal y trayectoria de vida que la acredite. Quiero que sus acciones pasadas sostengan sus compromisos presentes. Ser honorable, mostrarse como tal y ser percibid@ como persona merecedora de confianza.

Energía para cambiar lo necesario, pero también para defender lo que deba ser preservado. Mi radar se encargaría de detectar la diferencia entre la terquedad y la persistencia; entre la necedad y la constancia. Quien es persistente, mantiene el rumbo a pesar de las dificultades; quien es necio, hace prevalecer su opinión a pesar de que la realidad grite lo contrario.

Capacidad de formar equipos. Ni mujer ni hombre solos, sino con el conocimiento y la convicción de que deberá rodearse de las y los mejores; con la modestia para reconocerlos, con la capacidad para convencerlos de su proyecto y transformarlo con sus valiosas aportaciones. Muy posiblemente, el próximo Ejecutivo federal forme por primera vez un gobierno de coalición, haciendo uso de la reforma constitucional de 2013. Nunca como ahora será importante el trabajo colectivo en el gabinete presidencial.

Visión de largo plazo y gradualismo. Nos hemos cansado de repetir que México no se reinventa cada seis años. La continuidad y el cambio se conjugan, aún en los periodos de aparente trastrocamiento total del orden establecido, como sucedió en la Revolución de hace cien años. Nada debe permanecer sólo porque existe, como tampoco deberá ser sustituido automáticamente por provenir del pasado. Cambiar sin conocer el rumbo abona al caos. No será tarea fácil limpiar nuestros propios establos de Augías de la corrupción, ni se hará en un solo día, pero cuando iniciemos la tarea deberemos saber a dónde habremos de arribar.

Y por último, señores Reyes Magos, mi radar cuántico necesita detectar a quien sepa:

Dejar ir el poder presidencial. Con la convicción de que la única vía para transformar la vida política de México es fortalecer sus instituciones y promover la participación de la sociedad en la conducción de la vida colectiva. El peso de la figura presidencial hace que sólo desde su silla se pueda iniciar un cambio de esta magnitud. Pero de este asiento emana un encanto que provoca olvido de compromisos y buenos propósitos. Quiero en la presidencia a quien sepa tomar distancia y que al mismo tiempo respete la institución presidencial, lo que significa y asumir con dignidad la carga de responsabilidad que de ella emana. Pero que también tenga la energía y la visión de Estado para transformarla en forma definitiva, sin posibilidad de regresión autoritaria.


Posdata. Tienen, queridos Reyes Magos, hasta el 30 de junio para traerme mi regalo, pues el 1 de julio habré de utilizarlo para emitir mi voto.— Mérida, Yucatán

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Esperanza de vida. Mejor futuro para 2018

Dulce María Sauri Riancho
Mi última colaboración del año en el generoso espacio del Diario de Yucatán. En un abrir y cerrar de ojos las semanas se fueron volando y nos encontramos con la necesidad de realizar el balance que cierra un ciclo caracterizado por sus fuertes turbulencias. Es difícil encontrar algún elemento para perfilar el debate por venir entre la incertidumbre y las certezas de progreso. Elegí un indicador demográfico para intentar ilustrarlo. Es la esperanza de vida al nacer. Vivir más años que nuestros padres y abuelos ahora parece normal. Muy pocas veces pensamos en las razones y las causas del aumento de las expectativas de vida, en las que se mezclan mejores condiciones de salud, alimentación, agua limpia, entre otros. Lo tomamos como algo natural, sin que nos percatemos del enorme esfuerzo de organización social y de la administración pública para alcanzarlo. Veamos la situación actual en México. Por ejemplo, la niña y el niño que nacieron la pasada Nochebuena en esta ciudad tienen la esperanza de vivir al menos 75 años (la niña casi tres años más). Si ellos hubieran venido al mundo ese mismo día pero de 1930, su expectativa de vida hubiera sido sólo de 34 años. En esa década, cuando nacieron nuestros padres y abuelos, numerosas mujeres morían al dar a luz; los infantes eran presa de epidemias de difteria, tosferina y tétanos; la poliomielitis atacaba sin piedad y aún no había sido descubierta la penicilina para tratar infecciones. La desnutrición estaba presente en la mayoría de los hogares y la inexistencia de sistemas de agua potable cobraba anualmente una elevada cuota de víctimas de enfermedades hídricas, principalmente entre los menores. Cuando yo nací, hace 66 años, tenía la esperanza de vivir apenas 48. Para que yo alcanzara mi edad actual, en algunas partes de México y de Yucatán miles de niños murieron víctimas todavía de la falta de condiciones de salud. Sin embargo, cuando mi hija nació a mediados de la década de 1970, ella y los de su generación ya tenían la expectativa de vivir hasta los 63 años. Mis cinco nietas y un nieto, “generación Z”, así les llaman, tienen la posibilidad de llegar a más de 78 años. Las explicaciones para este dramático incremento de los años por vivir están en los extensos programas de vacunación, en la mejora de los servicios de atención médica y en una política social dedicada a atender las necesidades de los más vulnerables. Tal parece que México se dirige a alcanzar las expectativas de vida de los países desarrollados, entre los cuales Japón ocupa el primer lugar, con más de 80 años en promedio. Por cierto, de acuerdo con los datos de 2016, Yucatán se encuentra por arriba del promedio nacional por más de cuatro meses (75.6 años vs 75.2 años, respectivamente). Tal parece que todo tiende ineludiblemente al avance, tal vez con mayor lentitud que antes, pero nunca para atrás.

Malas noticias. Sí es posible retroceder, de hecho está sucediendo ni más ni menos que en los Estados Unidos. En este país vecino, por tercera ocasión desde 2015, la esperanza de vida de su población está disminuyendo. Sus autoridades lo atribuyen al aumento del consumo de drogas entre su población joven, entre las cuales destacan los nuevos productos sintéticos, letales en su mayoría. Rusia fue otra potencia que registró severos retrocesos en esta materia.

Al colapsarse la Unión Soviética también se cayeron sus servicios de salud, incluyendo vacunación. Veinticinco años después, aún no recuperan las cifras anteriores a 1991.

Vienen meses de campaña electoral, de promesas y compromisos de candidatos y partidos. Responder a la pregunta sobre cómo se proponen mantener e incrementar la esperanza de vida de la población no puede limitarse a las urgidas estrategias de prevención y atención a la salud. Trasciende hasta las políticas de desarrollo social, de iguales oportunidades para mujeres y hombres, del cese de la violencia que cobra crecientes cuotas de vidas jóvenes en varios estados del país. Tiene que ver con la garantía de acceso a la alimentación; a gozar de seguridad social en la vejez. Ningún presidente de la república ni gobernador de una entidad federativa puede presumir logros de su administración si retrocede la expectativa de vida de sus ciudadanos. No hay calificación mejor que el incremento anual de esperanza de vida, así sea solamente de pocos meses.


Nos asomamos a 2018 con miedo y esperanza. Por primera vez, tememos que el futuro no nos traiga inevitablemente “tiempos mejores”. Las amenazas del retroceso se ciernen sobre nuestras expectativas en la política, en la economía, en la organización social. Contaminación ambiental; violencia desatada en distintas partes del mundo y de nuestro país; guerras económicas y proteccionismo; violación a los derechos humanos fundamentales, son algunas de las preocupaciones que en distinto grado, acompañan la pérdida de las certezas que mantuvimos a lo largo de casi dos centurias. En su nombre, la esperanza de vida nos da alientos para esperar lo mejor. Ya habrá oportunidad de abordar los proyectos políticos que se confrontarán en las campañas de los meses por venir. Uno de futuro, con sus retos y expectativas. Otro, fincado en la memoria de un pasado al que es imposible e indeseable retornar. Pero hoy, en el presente, celebremos la vida que nos permite decir adiós a 2017.— Mérida, Yucatán